miércoles, 7 de septiembre de 2011

Quieres estar conmigo? - Parte 2

Pasaban los días. Uno tras otro, iban pasando, y nada. No la volvía ver por un largo tiempo.
Durante todo este tiempo sucedieron cosas inesperadas y, podría decirse que, trascendentales en mi vida. Comencé a fumar más de lo que lo hacía antes, conocí a mi mejor amiga, tuve una pelea con un idiota que no sabia respetar a su enamorada, mi pasión por la lectura y la escritura empezó a florecer como las rosas en los jardines. Todo sucedió de un momento a otro a otro, pero lo que era más raro es que… no podía olvidarla.
Mañana, tarde y noche, todo el puto día pensando en esos lindos ojos, en esa linda cabellera y en esa mirada penetrante que con solo mirar algo, lo podía hacer pedazos. Solo pensaba en Pancha. Ella era lo único que me importaba. No pude creer que me enamoré de una casi completa extraña que por más que viviera a mi costado no sabía ni su apellido, como para buscarla en Facebook.
Pero un día cambió todo este asunto. Yo estaba llegando del colegio, un colegio muy bohemio para ser religioso, y en eso la veo, también llegando, con una maleta aparentemente muy pesada. Corrí con todas mis fuerzas, crucé la pista sin mirar los carros que se aproximaban hacia mí con toda velocidad, muchos tocaban sus cláxones, ella me miró con una cara de asombro y desesperación al verme cruzar como si nada en el mundo existiera, excepto ella y yo. Esperó a que yo llegara. Llegué casi sin aliento.
-Hola- le dije , exhausto por la intrépida carrera que hice.
-Hola, que tal?- dijo un poco asustada.
-Pude ver, desde el otro lado, que tienes una mochila muy pesada.
-Ah, sí. Está un poco pesadita.
-¿Quieres que te ayude?- una gran sonrisa se exhibía en mi delgado y grotesco rostro cuando le dije eso.
-No te preocupes, estoy bien- pronunció con un poco de desagrado y rechazo hacia mí, como si yo fuera la peor escoria que existiera sobre la tierra.- es solo una maleta, no es gran cosa.
Insistí una tres veces más hasta que finalmente ligó y pude agarra su maleta negra y tuve un pequeño roce con su rostro al tratar de agarrarla. Caminamos en silencio por un buen rato hasta que ella al fin dijo algo.
-Me siento un poco rara…
-Porqué, que pasó?
-No sé, conocí a un chico hace un tiempo que me tiene un poco confundida y como que no lo conozco mucho, no soy de enamorarme fácilmente.
-Cómo se llama?- le pregunté con al de celos.
-No te voy a decir cómo se llama, es un secreto que no lo pienso revelar- Sentí esa oración un poco pícara y muy burlona.
-Bueno… si no me lo quieres decir, no importa, ya me enteraré. Tengo mis mañas.
Soltó una estruendosa carcajada la cual me hizo brincar de susto. En un inicio, pensé que se reía de mí pero luego me di cuenta de que se estaba burlando de Juan, un amigo del barrio con el cual a veces salía a jugar fútbol por el barrio y a fumar un poco, quien se había resbalado con una cascara de plátano mismo programa animado de los años 80s. Yo también me reí un poco solo para no quedar como un idiota en frente de ella aunque yo no vi la caída de Juan, lamentablemente.
Juan y yo eras muy buenos amigos, nos contábamos todo lo que nos pasaba; hasta se podría decir que somos mejores amigos.  Éramos tan amigos hasta el punto que estábamos en el mismo colegio, mismo grado, misma sección y estudiábamos en el mismo instituto de inglés en cual teníamos una amigo llamada Fabiola.
Fabiola era un año mayor que nosotros, estudiaba en un colegio estatal en el centro de la ciudad y no entendía como podía hacer esos viajes casi interminables desde ese lugar hasta el instituto que quedaba casi al sur de la ciudad. Siempre nos fastidiaba con que eramos gays, pero a mí me parecía que más lo hacía por molestar a Juan porque creo que ella sentía un poco de atracción hacia él, aunque él no se daba cuenta. Medio baboso era, ahora ya no.