albergado por la
más profunda
soledad
fue ubicado muerto,
en una noche
donde no había
luna ni estrellas,
por una joven rubia
y de ojos verdes
la cual con un
pequeño susurro
al oído, logró que
a aquel cuerpo
vacío se le volviera
a iluminar el
pequeño foquito de
la vida.
Lo que ese dulce
ángel sin alas
le dijo, fueron las
palabras más dulces
que el hombre pudo crear:
"TE AMO, no mueras por favor"
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